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sábado, 16 de julio de 2016

ANTE EL SALVAJISMO HUMANO...QUÉ COMO CRISTIANO

Nadie en su sano juicio, habrá vivido sin sentimientos el salvajismo atroz vivido en Niza donde 84 personas murieron arrolladas por un camión, un camión que no tuvo un accidente, un camión cuyo conductor produjo el accidente de forma deliberada para satisfacer, no se que se yo de necesidad, supongo que de venganza proyectada en otros seres humanos, todo diseñado y estudiado desde una perspectiva salvaje, orientada a producir cuanto mas daño mejor. ¡Terrible!.
 No estoy muy seguro que si las muertes de inocentes en las diferentes contiendas en los países árabes, serán producidas desde este espíritu terrible, deseo que no, deseo que realmente haya buenas intenciones al desear una regeneración de ciertos extremos de estas poblaciones, de lo contrario, también es salvajismo. Y al margen de la intención, estoy seguros que los familiares vivos, tanto en una como en otra situación sufren un dolor acuciante que resulta en emociones diversas y algunas de gran peligro para quien las sufre cono de otros, sobre todo si sigue alimentándolas.
   Mi perspectiva como cristiano con un profundo deseo de hacer la voluntad de Jesucristo, permite que en estas y otras situaciones, ahora hablo de Niza (ha habido y supongo que habrá muchas mas) pueda analizar ese brote de sentimientos y emociones, que surgen ante tal tamaño de injusticia.
   Me he dado cuenta que cuento con sentimientos y emociones positivos y que me van a ayudar a crecer. Pero también cuento con muchos sentimiento y emociones negativas que...¿que hago con ellas...?
   La Palabra de Dios para el hombre en general, la Biblia, nos hace conocer la diferencia.
   Si vamos a coger setas, es necesario que seamos entendidos en la diferencia de las saludables y las venenosas. Es muy arriesgado coger sin saber y comerlas.
 Desgraciadamente el ser humano tiene dentro de si cosas buenas y cosas malas. Saber la diferencia nos hace entendidos y por tanto controladores de nosotros mismos. Por supuesto la ayuda del Espíritu de Dios, el Espíritu Santo es indispensable. Nuestra forma sola de pensar y obrar no tiene capacidad para distinguir bien lo bueno de lo malo.
   Independientemente de nuestra madurez cristiana, los sentimientos y emociones que surgen ante una barbarie como la de Niza, es necesario que los llevemos al conocimiento del entendido, Dios, y por medio de su libro de enseñanza, la Biblia, nos propongamos distinguir unas emociones y sentimientos de otros para quedarnos en el límite apropiado.
  Por supuesto, nadie piense que tengo una regla mágica que nos ayudará en todo esto.
Para la distinción correcta es necesario no solo SER cristiano, también ESTAR DISPUESTO A SERLO.
Resultado de imagen de obediencia a diosEl autor de esta matanza, nos dicen que no era religioso, que vivía mundanamente etc. etc.
No se si podemos saber lo que había en su corazón, pues solo el y Dios lo sabían, pero nosotros si que podemos, en este momento de vida, saber si SOMOS O NO.
Somos o no verdaderos cristianos, que en palabras del apóstol Pablo en la carta que escribe a los Tesalonicenses:
 1Ts_5:21  Examinadlo todo; retened lo bueno. 
Me viene la imagen de gente buscando en la basura, miran y miran, lo examinan todo, dejan lo malo y cogen lo bueno. Así debemos hacer nosotros como cristianos en lo que ocurre dentro de nosotros mismos.
No es fácil no resulta inmediato, hay que tratar CON NOSOTROS MISMO. No todo lo que sale de nosotros, aunque seamos cristianos, es correcto.


Mat_12:35  El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. 

He elegido ser un hombre "bueno" pero SE que en mi hay cosas malas.


Rom_12:21  No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. 

Me tengo que decidir si voy a vencer lo malo en mi.
En las noticias, escuchaba a un señor que entrevistaban y decía:"Les digo a los terroristas que ojo por ojo..."
Lo entiendo, no lo apruebo pero lo entiendo. Pero cuando voy a lo que me dice mi Señor Jesucristo, encuentro lo siguiente:

El amor hacia los enemigos
(Lc. 6.27-36)

Mat 5:38  Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.(Y) 
Mat 5:39  Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 
Mat 5:40  y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 
Mat 5:41  y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. 
Mat 5:42  Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. 
Mat 5:43  Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo,(Z) y aborrecerás a tu enemigo. 
Mat 5:44  Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 
Mat 5:45  para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 
Mat 5:46  Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 
Mat 5:47  Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 
Mat 5:48  Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Yo no quiero esto que dice ahí según mi naturaleza, pero voy a tener que optar por hacer algo. Seguir con mis sentimientos o vencer el mal (primero el que hay en mi) con el bien, que es adquirir la actitud de MI PADRE celestial.
Hay un momento en el tiempo que Jesucristo estuvo aquí que les revela actitudes y realidades del Reino de Dios...la gente reacciona:

Juan 6:60  Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? 

Al leer este texto, muchas veces he dicho lo mismo de cosas que nos dice nuestro Padre celestial, es duro esto y aquello pues choca frontalmente con mis sentimientos, con MI justicia.
No soy dado de forma espontánea a poner la otra mejilla.
Reacciono y luego me sorprendo pues creía que como cristiano reaccionaría como cristiano. Pero eso no es así.
Si fueran de las víctimas mi familia, la cosa sería peor.
Pero realmente la LEY DEL AMOR hace diferente al Islam del Cristianismo. El Antiguo Testamento sorprende a muchos, lleno de guerras de muertes de masacres...pero la luz de Dios se ha ido haciendo mas clara y en el Nuevo Testamento la LEY DEL AMOR se precipita y barre con todo lo demás con una demostración que nos hace palidecer:


Jua 3:16  Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 

Aquí está el ejemplo, el ejemplo del mismo Dios en su AMOR por la humanidad. Pero que difícil es ponerse a la altura de Dios ¿verdad? Pero a eso nos llama a ponernos a su altura, sobre todo cuando nuestra naturaleza nos dice lo contrario. Ahí descubrimos que en cuanto a seguir a Dios y obedecerle...el mayor enemigo somos NOSOTROS MISMOS.
Por favor Padre, quita de mi esos sentimientos de CRUZADA contra los enemigos y todos aquellos sentimientos y acciones que no te obedecen pues quiero ser COMO TU.

Mat 5:48  Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto
Tolerancia "cero" a todas las injusticias, pero con la actitud de nuestro Padre celestial. 

viernes, 24 de junio de 2016

COMODIDAD...




En el día de hoy, históricamente, la Unión Europea está viviendo los prolegómenos de la salida de Inglaterra de su "unidad".
Resultado de imagen de comodidadSe está discutiendo (antes del referéndum también se hizo) de los por qués de esta decisión mayoritaria en minoritaria diferencia, de los partidarios de salir y los que continuar.
En el fondo, creo que Inglaterra, igual que los países Occidentales sufre una enfermedad espiritual que contamina los corazones y que contagia a los de otros países para anhelar vivir en ese supuesto "paraíso" que aparenta Occidente, haciendo para ello, lo necesario por llegar, como si de náufrago se tratase a la codiciada costa de la prosperidad, de la comodidad y el placer.
Este "espíritu" o forma de pensar y actuar en Occidente, que tienta a otros países, está muy bien definido en la Palabra de Dios  y que comenzó en el Edén y continuó en Babel y sigue.
Babel, Babilonia, Babilónico etc, siempre representó oscuridad y es espíritu babilónico, quien contiene un espíritu de prosperidad, comodidad y placer.
No obstante pareciera que algunos pudieran observar en este tipo de "unidad" una fuente de compromisos que puede afectarlos, sea lo que sea sobre todo en su comodidad, al margen, no lo olvidemos, que los Gobiernos humanos son voluntad humana, no la voluntad de Dios, y así nos va y nos irá hasta que todos volvamos a Cristo que es el Rey de Reyes.
Me temo que la Palabra de Dios no garantiza que esto ocurra, aunque sea el deseo de muchos. Tendrá que venir Jesucristo, esta vez a gobernar, para que puedan ir las cosas bien.
Este problema atañe también a la iglesia, pues como ocurre en la política, está dividida en "partidos" que cada uno tenemos la sensación de ser poseedores de la verdad, en los círculos mas pequeños incluso, en un aspecto o en otro, pero la verdad es que sin la luz de Dios, estamos ciegos.
La tranquilidad del corazón viene cuando éste se ha refugiado en Cristo y cree que solo así podrá llegar a la meta.
El egoísmo que hay en nuestros corazones occidentales no queriendo compartir "nuestros tesoros" con nadie mas es pecado. Pero ¿no lo es cuando los que quieren ser compartidos, tienen el mismo espíritu?
En este mundo de "aflicción" tenemos que recordar la Palabras de Jesucristo:  
Juan 16:33  Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. 
Cuando venga la aflicción, la recomendación de Jesucristo no es buscar comodidad, es confiar en Jesucristo, El vencido "al mundo" es decir al espíritu de Babilonia, entonces al final no se va a vivir de acuerdo a Babilonia, se vivirá de acuerdo a Jerusalem, la celestial por supuesto. 
Por encima de todo, me doy cuenta que los cristianos debemos alentarnos a dejar "este mundo" y sus deseos (ej. la comodidad) y asegurarnos de lo seguro: 
1 Juan 2:17  Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Si estamos "atados" a los deseos del mundo, pasaremos con el mundo, solo la voluntad de Dios tiene garantías.
No era una queja lo que el Señor dijo : 
Lucas 9:58  Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
No era queja por no tener cama o casa, o algo así, me da la impresión que lo que quería decir es que no tenía tiempo para tener ni siquiera almohada. Su tiempo era hacer y terminar la voluntad de Dios.
Creo que tenemos muchas "almohadas" que nos impiden hacer la voluntad de Dios. La comodidad está siendo el freno del evangelio y justificamos haciendo cosas como el mundo las hace,inventadas por nosotros los hombres en las iglesias, pero sigue siendo verdad lo dicho antiguamente:
Zacarias 4:6  Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel,  que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. 
La Iglesia debemos aprender, cueste lo que cueste, a depender del Espíritu y no de la fuerza humana, sea esta de nuestros pensamientos, ideas, formas, o de creernos fuertes.
Que El Señor Jesucristo nos ayude a cada uno a tener una avivamiento en nuestra vida.
Sobre esto, si queremos tener un avivamiento en nuestra vida debemos escuchar el consejo bíblico: 
Habacuc 3:2  Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí.  Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos,  En medio de los tiempos hazla conocer;  En la ira acuérdate de la misericordia.

Por supuesto  no hablo de la comodidad que trae paz, sino la comodidad que no permite que hagamos lo que debemos hacer.





 

sábado, 16 de agosto de 2014

El sana nuestras heridas


"COMPARTÍ CON LOS QUE YO QUIERO, Y PENSABA QUE ME QUERÍAN...DÓNDE MAS ME DOLÍA...Y ALLÍ ME GOLPEARON...SI ALLÍ ME GOLPEARON MAS FUERTE...ENTONCES YO ESTABA MUY ENTRISTECIDO...PERO VINO EL SEÑOR JESUCRISTO...Y SANÓ TODAS MIS HERIDAS"
Zacarías  13:6  Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos. 
Jeremías 30:17  Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice El Señor; porque desechado te llamaron...

jueves, 7 de agosto de 2014

Santidad en tiempos de injusticias


Mi tendencia a no perdonar cuando otros me han hecho algún mal me ha obligado a pensar cuidadosamente en los pasos que debo tomar para restaurar mi relación con Dios y con mis ofensores.

Cuando se instala en su corazón el deseo de venganza, también se abre el camino del perdón. El testimonio de un pastor de cómo gozando la gracia divina pudo descubrir el gozo de perdonar a los que fueron injustos con él.

"Cuando se instala en su corazón el deseo de venganza, también se abre el camino del perdón"

Tenía en mis manos una durísima carta de un matrimonio que criticaba la situación del grupo de jóvenes. El contenido era carnal y no demostraba verdadera comprensión de todos los contenidos de la situación, pero aún no había hallado, como pastor, el tiempo para encontrarme con ellos y escucharlos.
Cuando me puse de pie para predicar, el siguiente domingo, sentía una notable ausencia de gracia en mi corazón. Pequeños destellos de resentimiento punzaban mi espíritu. Hice algunos comentarios leves en la introducción que provocaron sonrisas en todos los presentes todos, excepto el matrimonio que había enviado la carta. Mientras la congregación se reía, ellos estaban sentados en una de las primeras filas, de brazos cruzados y rostro duro, con los ojos llenos de reprobación. Cuando hube terminado el sermón, me sentía físicamente deteriorado y espiritualmente desgastado. Mi falta de perdón rápidamente se estaba convirtiendo en amargura y rencor.
Debo reconocer mis puntos débiles
La mayoría de las personas tiende a adquirir cierta sensibilidad cuando ha sido golpeada varias veces. En este caso, la carta que recibí de esta familia era solamente una de las muchas maneras en que me habían criticado. Su actitud en esta oportunidad, tan falta de gracia, fue la gota que colmó el vaso. Sentía que ellos no tenían ningún interés en demostrar siquiera una mínima cuota de comprensión hacia los demás.
Como algunos de los peores conflictos en el ministerio justamente los he experimentado con personas que yo consideraba carentes de gracia y comprensión, mi tendencia ante este tipo de situaciones es reaccionar con ira. Rápidamente me siento provocado por personas cuya mejor habilidad es la de señalar los errores en los demás.
Sin embargo, en la medida en que he aprendido a reconocer mis propias debilidades también he encontrado que puedo controlar mejor el tipo de respuesta que tengo en estas situaciones. Entonces, el desafío, para mí, es recibir del Espíritu Santo gracia y perdón para estos santos, en lugar de contraatacar con ira, resentimiento y amargura.
Debo resistirme a mi primer impulso
Cuando leo sobre las vidas de personas que esconden en el saco una pistola para vengarse de un jefe que fue injusto con ellos, o de alguien que coloca una bomba en un edificio lleno de personas inocentes, a menudo me pregunto: "¿Cómo podría alguien hacer semejante acción? Las personas normales no se comportan de esa manera." No obstante, yo también he tenido toda clase de pensamientos malignos hacia las personas que me han hecho mal. Creo que esto revela cuál es el próximo paso en el proceso de perdón: reconocer que, si las circunstancias se dieran, yo podría ser el autor de un acto de violenta retribución contra los que me han hecho mal. De hecho, si no perdono a una persona comienzo a tener fantasías en mi mente con las maneras en que puedo castigarla.
Luego de una devastadora confrontación con una familia de la iglesia, donde me habían resistido en prácticamente todos los temas relacionados al ministerio, comencé a pensar: "Si Dios no visita sobre ellos una pronta retribución, yo voy a acelerar los tiempos." Pensé en la posibilidad de denunciarlos frente al organismo de recaudación impositiva por prácticas deshonestas que conocía en ellos. Imaginaba que los atormentaba pasando por las madrugadas por delante de su casa en mi carro, con la radio a todo volumen, la mano sobre la bocina y los faros dirigidos hacia sus dormitorios.
Cuando compartí estos viles secretos con un amigo, me miró atónito y preguntó: "¿Realmente te animarías a hacer esa clase de cosas?""Seguro —le repliqué—, como probablemente lo haría cualquier persona que cede frente a la tentación de vengarse, en lugar de asumir el desafío de perdonar."
Me acuerdo de la observación que hizo Jaime Broderick del Papa Paulo VI: "Jamás olvidaba una ofensa y esa era una de sus debilidades más agudas. Quizás lograba enterrar, por un tiempo, la experiencia vivida. Uno siempre tenía la impresión, sin embargo, de que había marcado cuidadosamente el lugar donde había realizado el entierro."
La única manera con que evito este tipo de actitudes es frenando cualquier fantasía de venganza que pueda cruzarse por mi mente.
Debo reconocer que soy propenso al pecado
En Deuteronomio 32.35 Dios instruye al pueblo, por medio de Moisés: "Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca, ya se apresura lo que les está preparado." Mi obsesión con la venganza revela un intento de mi parte de tener voz y voto en el juicio de Dios. Esto solamente agrava el conflicto, irrita el recuerdo de lo acontecido y produce mayor dolor. Es como si se le permitiera a uno de los involucrados en una disputa legal que participe en el juicio y la sentencia de la otra persona. No se puede hacer justicia cuando uno de los culpables intenta juzgar al otro. Es necesario que yo reconozca mi culpabilidad, pues mi comportamiento no siempre se ha revestido de santidad. Esto puede ser duro para mí, pero es la verdad.
Una vez utilicé una carta para ilustrar lo incorrecto que es criticar cuando uno no conoce todos los detalles de un asunto. Durante el sermón leí porciones del texto, el cual elevaba acusaciones y realizaba afirmaciones basadas en un informe incorrecto. Luego aclaré a la congregación los verdaderos detalles de la situación y por supuesto, los hechos demostraban claramente cómo los que me habían criticado estaban errados en sus conclusiones.
En ese momento sentí que la congregación se ponía de mi lado, pues veían que el crítico era solo una persona insensible y negativa. De un solo tiro había podido ilustrar un principio bíblico y corregir a quien se me oponía.
A la semana siguiente recibí una segunda carta de este hombre, en la cual me informaba de que él y su familia se retiraban de la congregación. Me pedía que no los llamara, ni que tuviera contacto alguno con ellos. Aun cuando me había tomado todos los recaudos para no revelar, durante el sermón, la identidad de la persona que me había escrito la carta, ellos sabían a quien me refería. Yo, por mi parte, no les había dejado ninguna otra opción que la salida de la congregación.
Ante todo esto, tengo ahora muy claro que no importa cuán profundamente me sienta atacado, ni cuán tentado me sienta de enfrentar a mis oponentes, el púlpito no es el lugar para hacerlo, pues me ofrece una desequilibrada ventaja, la cual con frecuencia acaba en una presentación subjetiva de mi perspectiva de la realidad, sin darle la oportunidad a los otros de expresar su respuesta a mis comentarios. Por tanto, he encontrado que la mejor manera de resistirme a esta tentación es ofreciendo perdón en privado.
Debo perdonar uno a la vez
Me encantaría poder decir que he encontrado la fórmula para perdonar efectivamente cada vez que me ofenden, pero no es así. El perdón no es algo que pueda hacerse de una sola vez. La duración del proceso de perdón normalmente es proporcional a la profundidad del dolor que he experimentado.
El perdón es más como escribir un libro que una carta. Cuando escribo una carta, vuelco mis pensamientos sobre una hoja, la coloco en un sobre, lo sello y lo envío. Escribir un libro, en cambio, es más parecido a un interminable ciclo de escribir y volver a escribir.
Cuando los conflictos son menores, normalmente los puedo manejar según el espíritu de 1 Pedro 4.8: "Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados." Cuando la ofensa es severa, sin embargo, el proceso de perdón también puede ser igual de severo.
La experiencia más difícil que he tenido en el ministerio —me despidieron de una congregación— ¡me enseñó más acerca del perdón de lo que yo estaba interesado en saber! Ese proceso completo tardó más de dos años.
En esa oportunidad, me pareció que el proceso en cuestión estaba completo apenas unos meses después del incidente. Entonces llevé el asunto al Señor en oración y le dije que quería perdonar a aquellos que sentía eran responsables por mi despido. Hasta elaboré una lista con sus nombres. El perdón parecía traerle a mi vida la libertad que buscaba.
Una semanas más tarde, sin embargo, me topé con uno de mis opositores en un restaurante de la ciudad. Luego de terminar el desayuno que compartía con un amigo, nos acercamos a la mesa de esta persona para intercambiar un breve pero cálido saludo. Cuando salimos del lugar, mi amigo me dijo: "Realmente te vi relajado al hablar con Esteban. Supongo que has podido superar todo lo que viviste en la iglesia con él."
"¡Sí! —respondí confiado—. Todo aquello está superado. Es hora de avanzar hacia cosas nuevas." Durante el resto del día, no obstante, a cada instante volvía a mi mente el nombre, el rostro y las acciones de Esteban. No encontraba la forma de deshacerme de estos pensamientos. El viejo resentimiento era tan fuerte y real como siempre, y esto golpeó duramente mi sentido de equilibrio espiritual.
Yo pensé que ya había realizado el proceso de perdonar a aquellos que eran responsables de mi desastre. ¿Por qué estaba volviendo a reaccionar de esta manera? "Señor, ¿no es suficiente con tomar el asunto y envolverlo fuerte en un paquete, escribiendo por fuera PERDONADO?". Evidentemente esto no era suficiente, aún debía perdonar a los ocho individuos que habían sido parte de aquel conflicto. Yo había pensado que sería posible perdonarlos en conjunto, mas descubrí que debía perdonarlos uno por uno.
El proceso duró muchos meses. Cada vez que fantaseaba con alguna de las personas, identificaba claramente mis sentimientos en mi mente hacia ella. Algunas veces requería de varios días para identificar claramente los sentimientos en juego. Finalmente, sin embargo, podía describir no solamente las impresiones sino también las razones por las cuales las experimentaba. Descubrí que en el sencillo acto de orar por alguien, aun cuando lo sentía vacío y artificial, se abría mi corazón hacia la otra persona.
En otra oportunidad, Dios fue creativo en la manera que utilizó para mostrarme la próxima persona que debía perdonar. Estaba yo en un mercado, buscando pasta dentífrica y crema de afeitar, cuando vi, de reojo, otra de las parejas que habían participado en mi despido. Mi primera reacción fue a esconderme detrás de algunos estantes. ¡No fui lo suficientemente veloz, sin embargo! Ya me habían visto y me estaban saludando. Luego de un breve intercambio de palabras seguimos cada uno por su camino.
De inmediato supe quiénes eran las próximas personas que necesitaba perdonar.
Debo hablarle a otros de la persona
En ese proceso de perdonar, mucho me ayudó hablar con otros acerca de quienes me agraviaron. Recuerdo cómo conversaba con un amigo sobre una persona que me había resistido y de esta manera me veía obligado a hablar bien del otro.
Lo que descubrí es que realmente no importaba si la otra persona conocía o no a la persona que debía perdonar. Al hablar positivamente del otro me sentía impulsado hacia la reconciliación; las buenas palabras que pronunciaban mis labios comenzaban a afectar las actitudes de mi corazón. La facilidad con la que me expresaba también se convirtieron en un medidor de mi perdón. Cuánto más fácil me era hablar bien del otro, más avanzado veía que estaba en el proceso de perdonar.
Debo acudir al Señor en oración
El paso final que me ayudó a perdonar, fue reunir mis sentimientos y pensamientos para presentarlos al Señor en oración. En ocasiones los escribía en un papel y luego se los leía al Señor y en otras, le hablada directamente a Dios de lo que había identificado en mi mente. En todo caso, confesar mis pensamientos y sentimientos negativos me permitía pedirle al Señor que me perdonara por mi propio pecado. Luego, con su ayuda, pude avanzar y extender ese perdón a otros.
Debo destacar que esta prolongada experiencia con el perdón me permitió entender cuán profundamente afecta mi habilidad de perdonar a otros el que yo haya experimentado el perdón de Dios.
Una historia cuenta de un viajante que, con la ayuda de un guía, atravesaba las junglas de Malasia. Llegaron a un río ancho, pero no muy profundo. Se sumergieron en el agua y lo atravesaron a pie. Cuando salieron del otro lado, el viajante descubrió que unas cuantas sanguijuelas se había adherido a su cuerpo. Su primera reacción fue el de arrancárselas pero el guía lo detuvo, advirtiéndole que solamente conseguiría dejar parte de las sanguijuelas en su cuerpo y que casi con seguridad obtendría una infección. La mejor manera de quitarlas, explicaba el guía, sería un baño de inmersión en un bálsamo tibio. El líquido haría que las sanguijuelas soltaran solas el cuerpo del hombre.
Cuando yo me siento profundamente herido por otra persona, no puedo simplemente arrancar la herida de mi alma, esperando que la amargura, la malicia y el rencor desaparezcan, pues el resentimiento quedará incrustado en mi corazón. La única manera en que verdaderamente puedo librarme de la ofensa y perdonar a los demás es tomando un baño de inmersión en el bálsamo del perdón de Dios hacia mi persona. Cuando finalmente llego a entender cuán profundo es el amor de Dios en Cristo Jesús, el perdonar a otros fluye libremente.  por Gary Preston

Tomado de Leadership, abril 1998. Usado y traducido con permiso.
deas básicas de este artículo
  1.  Reconocer las debilidades propias permite controlar mejor el tipo de respuesta frente a situaciones de injusticia.
  2. La mejor manera de evitar la venganza es frenar cualquier tipo de fantasía que al respecto pueda cruzarse por la mente.
  3. Se debe perdonar una persona a la vez, identificando claramente los sentimientos en juego y las razones por las cuales se experimentan. Esto lleva su tiempo, mas la duración del proceso de perdón es proporcional a la profundidad del dolor que se ha experimentado.
  4. La mejor manera de resistir la tentación de usar el púlpito para hacerle frente a los que nos critican es ofreciendo perdón en privado.
  5. El proceso de perdón avanza cuando se habla bien a otros de la persona ofensora. Hablar positivamente de ella afecta las actitudes de nuestro corazón.
  6. Confesar y pedir perdón a Dios por los pensamientos y sentimientos negativos que han surgido en uno, permite que experimentemos Su gracia, y ella nos habilita significativamente para perdonar a otros.
Preguntas para pensar y dialogar
  1.  ¿Cómo reconoce que en su corazón se ha instalado el deseo de venganza?
  2. ¿Cuál es su mayor desafío cuando tiene que enfrentar situaciones de injusticia?
  3. ¿Cuáles son sus primeros impulsos ante esa clase injusticias?, ¿qué debe hacer para no dejarse dominar por ellos?
  4. En este tipo de situaciones, ¿cómo se defiende de su propia carnalidad para no buscar venganza pública?
  5. Revise en su interior si hay alguna persona hacia la cual guarda sentimientos y pensamientos negativos: ¿qué de bueno puede hablar de ella?
  6. ¿Cómo puede verdaderamente perdonar a quien ha sido injusto con usted?